dilluns, 26 de novembre de 2007

Las compañías de teatro infantil reclaman un trato digno al sector

MARTA CERVERA / GEMMA TRAMULLAS (El Periódico de Catalunya)
BARCELONA
Por primera vez en los 10 años de vida del Teatre Nacional de Catalunya (TNC), un montaje para el público familiar llega a la sala principal del teatro. Hoy se estrena Ovni, un original espectáculo sin palabras, con marionetas y actores, que firman Farrés Brothers i cia., una compañía que se lanzó hace cinco años al mundo del teatro familiar con la intención de aportar un soplo de aire fresco. "Siempre se habla del público infantil como un valor de futuro, cuando es un valor del presente--apunta Jordi Palet, el director de la obra--. Y ya es hora de normalizar el sector. El teatro infantil es igual o más importante que el de adultos porque, además, educa".
El teatro familiar ha sido considerado históricamente como un género menor, pero no solo por políticos, instituciones y medios de comunicación, sino también por parte de un sector del gremio de los actores. Sin embargo, el riguroso trabajo de compañías como La Trepa, el éxito de las cuatro campañas de Viu el Teatre (la programación familiar del Teatre Poliorama), y la apuesta del teatro público por los espectáculos familiares están cambiando esta idea. El reconocimiento del sector que supone el 10% del total de espectadores de teatro es una necesidad.

PRECARIEDAD
"Estamos haciendo teatro porque somos unos románticos y nos buscamos la vida para financiarlo --explica Lluís Juanet, director artístico de Viu el Teatre--. Lo hacemos con cuatro cañas, apostando por las cosas bien hechas y por nuevos creadores, y nos funciona, sin subvenciones". Desde el 2003-2004, Viu el teatre ha programado en el Poliorama, entre otras, El Follet Valent, Història d'un pallasso: Charlie Rivel y, actualmente, Pirats.Un referente en el mercado del teatro familiar es la compañía La Trepa, con 30 años de experiencia, y el Jove Teatre Regina. "Si uno trabaja con el mismo rigor que las compañías de adultos, el trato debería ser el mismo --afirma la directora del Regina, Maria Agustina Solé--. "Me han pedido El Màgic d'Oz en muchos sitios, pero no puedo llevarlo porque es imposible viajar con lo que pagan y montar, como pretenden, en solo tres horas". Solé advierte también que "hay que separar el grano de la paja" y que antes de programar y dar subvenciones debería tenerse en cuenta el nivel de las compañías.
Mantener y subir el listón de la calidad es el objetivo de los productores de obras para el público familiar y para ello necesitan interlocutores en la administración. En el caso de Únics Produccions, el equipo de Viu el teatre, acaban de abrir una esperanzadora vía de diálogo con el Ayuntamiento, pero han perdido la que tenían con la Generalitat a través del Institut Català de les Indústries Culturals (ICIC). Desde la asociación Teatre per a Tots els Públics reclaman una equiparación en cuanto a cachets con las compañías no infantiles, dado que "las exigencias legales son las mismas".Colaborar con la administración es clave para el sector ya que el precio de las entradas puede suponer un obstáculo para el acceso al teatro de una familia con más de dos hijos: "No podemos cargar los precios porque no es cuestión de arruinar a la familia si pretendemos que los niños adquieran el hábito del teatro", advierte la directora del Regina.
Algo en lo que coinciden todos es en la necesidad de que se publiquen críticas de estos espectáculos: "Apenas hay, como si no importara y, cuando las hay, generalmente son condescendientes --opinan Jordi y Pep Farrés--. No se juzga con el mismo rasero que al teatro de adultos y es un error. Deberíamos ser más exigentes". Lluís Juanet añade: "Queremos reconocimiento. Que vengan los críticos y nos pongan a parir si es necesario".

MEJOR QUE AL ADULTO
En el Poliorama, por el que el año pasado pasaron 20.000 niños acompañados de sus familias, tienen muy claro que al espectador menor de edad hay que tratarlo incluso mejor que al adulto para que adquiera el hábito de ir al teatro. No se trata solo de pagar, entrar y salir de la sala, sino de crear una relación con el público. Por eso en sus funciones siempre aparece el personaje del payaso Coloraines, que ameniza los ratos de espera, y se celebran concursos de dibujo para los pequeños. Volviendo a la Sala Gran del TCN, los creadores de Ovni definen la obra como un cruce entre Matilda (el personaje cde Roald Dahl) y La ventana indiscreta. A través de dos astrónomos en busca de marcianos, el montaje trata de las relaciones humanas.La cuidada escenografía del montaje comparte escenario con la de La plaça del diamant, que se monta y desmonta en función de las representaciones infantiles. Esta es una práctica habitual en los espectáculos familiares que, al no tener un espacio propio, tienen que adaptarse a la escenografía de la obra para adultos que en ese momento esté en la sala.

AFORO REDUCIDO
En el elegante patio de butacas de la Sala Gran, la capacidad se ha limitado a 266 espectadores mediante unos cortinajes negros que restan grandiosidad a la sala, convirtiéndola en un espacio para vivir de cerca lo que pasa en escena. Los niños que acudieron al primer pase tenían alrededor de 10 años y salieron encantados con Ovni. Poder saludar en persona a los protagonistas de la función al acabar fue el sumum para ellos. "Pueden ver el espectáculo niños a partir de 6 años pero los que realmente lo disfrutarán son los que tienen entre 8 y 10 porque podrán interpretar mejor lo que ocurre", explican Jordi y Pep Farrés y Jordi Palet, creadores del montaje.